La idea de la muerte

The Idea of Death - Pulvis Art Urns Philosophical Diary

El ángel de la muerte, que en algunas leyendas se llama Samael y con quien se dice que incluso Moisés tuvo que luchar, es el lenguaje. El lenguaje anuncia la muerte, ¿qué otra cosa puede hacer? Pero precisamente este anuncio nos dificulta tanto morir. Desde tiempos inmemoriales, a lo largo de toda la historia de la humanidad, la humanidad ha luchado con este ángel, intentando arrebatarle el secreto que se limita a anunciar. Pero de sus manos infantiles solo se puede arrebatar el anuncio que, en cualquier caso, vino a traer. El ángel no tiene la culpa de esto, y solo quienes comprenden la inocencia del lenguaje captan también el verdadero sentido del anuncio y pueden, en ese caso, aprender a morir.

G. Agamben

En este tercer ensayo breve, dedicado a Giorgio Agamben, el pensamiento del filósofo italiano se dirige hacia la eterna confrontación de la humanidad con la finitud o, más precisamente, hacia la propia conciencia humana de la mortalidad, ese conocimiento insoportable que nos acompaña constantemente en la aventura de la vida. Aquí, este pensamiento intolerable se plasma en la figura del ángel de la muerte, que no solo simboliza el tema como una carga de patetismo y simbolismo religioso, sino que también revela la tensión central del ensayo de Agamben: la que existe entre el lenguaje y la finitud.

Pues ángel significa mensaje en griego, lo que desmiente la insistencia del ensayo en la idea de que la muerte es intolerable como pensamiento, pues es algo inexpresable, es decir, algo inexplicable, racionalizable, imaginable y comprensible. En otras palabras, para Agamben, la finitud significa un umbral del pensamiento, un acontecimiento existencial inconceptual. Una frontera donde el lenguaje no logra arrojar luz sobre lo que yace en el reino de lo desconocido.

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Sin embargo, es precisamente esta imposibilidad de representar la finitud, de nombrarla adecuadamente, de normalizarla, lo que manifiesta el deber de la filosofía. Es un deber de resistencia que implica un intento constante de pensar en la muerte, de buscar palabras para una experiencia sin imagen ni contornos que puedan guiar la mente en la oscuridad.

Es aquí donde la penetrante calidad poética de esta breve pieza en prosa alcanza su máximo potencial. Al exponer la relación catártica entre el lenguaje y la muerte, que, como se ha dicho, es una relación entre la capacidad de tomar conciencia de la experiencia (conocer, nombrar) y el encuentro con aquello que hace que el conocimiento, el lenguaje, sea incapaz de consolar, el filósofo italiano no solo expresa con exquisitez la frágil situación humana, sino que también expone la negación y la agresión que, con demasiada frecuencia, acompañan la idea de la finitud. Y es precisamente esta actitud —esta tentación de la autocompasión, la tentación demasiado humana de experimentar la muerte como un castigo, como un sufrimiento inmerecido— lo que Agamben intenta superar con su delicada, aunque compleja y solemne pieza en prosa.

Sin embargo, su decisión existencial no es fácil. «La idea de la muerte» no se basa en un consuelo superficial, en un intento de evocar las muchas facetas positivas de la vida y, por lo tanto, enviar un mensaje de positividad superflua. La apuesta de Agamben es la de soportar los límites de la voluntad, del coraje y del lenguaje. Pero esta no es una resistencia marcada por la idea de obtener algo a cambio. Es una resistencia silenciosa, una resiliencia muda que, a primera vista, puede parecer una especie de abdicación ante lo insoportable. Sin embargo, es todo lo contrario.

La silenciosa resistencia de Agamben, brillantemente transmitida en la frase aquellos que comprenden la inocencia del lenguaje , Ese es su fracaso ante la muerte, su mutismo en el umbral de la comprensión, una poderosa afirmación de la vida, dedicada a la justicia y a preocuparse por la vida misma, por dura, intolerable y violenta que sea. Así, para Agamben , aprender a morir es una lección de humildad, una lección de cuidado por lo innombrable, lo incomprensible, pero solo soportable en un apacible silencio.

Autor: Yakim Petrov

Yakim Petrov - Autor del blog Pulvis Art Urns

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